mmm... buscando en el pc me encontre con esta historia, en gran parte ficción, aunque algo de realidad, que habia comenzado a escribir creo, hace un año.. me pregunto si algún día la terminare...

-Todo esta negro...-
Fue lo primero que se me cruzó por la cabeza, y acto seguido abrí los ojos. Me encontraba en un vagón del Metro y por las empañadas ventanas se vislumbraban las luces de la ciudad bailando en el negro escenario de una brumosa noche. Las luces del vagón interrumpían su fría continuidad con aleatorios parpadeos y mientras me incorporaba veía como mi aliento tomaba forma debido a la temperatura ambiente.
Miré hacia atrás y hacia adelante y solo vi a una muchacha durmiendo en la otra esquina del vagón. No había nadie más y el silencio reinaría si no fuese por el zumbido de las luces eléctricas y el constante pulso del Metro en su interminable carrera por los rieles, así que decidí esperar y después de limpiar con una manga una pequeña parte de la ventana comencé a mirar hacia fuera sin mucho éxito. La ventana estaba también empañada por fuera y solo se veían las luces de calles invisibles y autos fantasmales. Cerré los ojos, quizás podría dormitar un rato hasta llegar a mi destino pensé.
Unos diez minutos más tarde volví a abrir los ojos y me di cuenta que la muchacha había despertado y sondeaba con mirada inquieta el vagón. Parecía tener frío y estar desorientada y recién pude ver su rostro que despertó un cierto interés en mi. Disimuladamente la mire un rato y contemple que era bastante bella. Tenia el pelo negro y liso que caía por sus hombros como cascadas en una selva virgen y su frente era como mirar la luna. Una tez clara y mejillas algo palidecidas era la tela donde estaba pintada con frescos oleos una nariz sencilla y lisa y una boca modesta con labios destacados por rouge rojo y bajo esto un mentón harmonioso. Sin embargo del conjunto lo que más atraía mi atención eran sus ojos, que coronados por unas arqueadas cejas y enmarcados por finas pestañas, su pupila parecía brillar con un pequeño destello carmesí, rodeada por un iris castaño casi dorado. Absorto en esta contemplación algo infantil, nuestras miradas accidentalmente se cruzaron una fracción de segundos, y luego desvié la atención algo avergonzado hacia al ventana, hacia el vació.
Me sorprendí por el hecho de que no me extrañara que en la media hora de viaje el Metro no hubiese pasado por ninguna estación. Todo parecía tan natural que a pesar de que me había dado cuenta hace algún rato no me inquietaba en lo absoluto y comencé a mirar como el Metro iba perdiendo altura y se comenzaba a hundir en la tierra, apagando los últimos vestigios de exterior de las ventanas.
Cuando me atreví a volver a dirigir la mirada hacia la muchacha percibí que esta se había levantado y mientras se paseaba por el carro tocaba levemente los asientos vacíos, las murallas y las húmedas ventanas como si se intentase convencer de que todo ello era real. Llevaba un vestido rojo de una pieza con una larga falda pero bastante sensual. Se volvió a sentar y noté que tiritaba. Tras reunir algo de valor, me acerqué y le ofrecí mi abrigo que llevaba entre los brazos. Con una sonrisa lo aceptó y pude sentir su fría mano, luego me senté al lado y estuve un rato esperando. Me sentía algo nervioso, no sabía por que. Era primera vez que la veía.
-¿Cómo te llamas?- Decidí preguntar para romper el hielo. tras un rato me respondió.
-Victoria-
-Mmm ¡Me agrada ese nombre! Siempre me ha gustado el nombre Victoria, me trae recuerdos, además suena bien. ¿No crees?-
Tras un momento de silencio no pude sentirme mas que un idiota así que volví a perder la mirada en el vacío hasta que un angustiado susurro me devolvió a la realidad y tratando de disimular mi frustración respondí con un simple ¿Ah?
-Tengo miedo.-
-Piensa que podría ser peor, al menos no estamos solos.-
Luego de estas palabras, con los ojos llorosos me abrazó.
-No quiero estar sola.-
Con el pulso agitado intenté calmarme y le tome la mano que estaba helada , luego tras un breve suspiro respondí.
-Dímelo a mi. Siempre he sentido que toda mi vida he estado solo y he alimentado un sentimiento de vacío que me persigue todas las noches, hasta tal punto que he pensado que estoy destinado a estar solo.-
Tras un largo silencio ella apoyo su cabeza en mi hombro y yo apoye la mía en la suya. El Metro comenzó a ganar altura y volvió a salir a la superficie. Las luces comenzaron a apagarse dejando entrar la intermitente luz de los faroles exteriores y yo, sin soltar su mano, tímidamente comencé a acariciar su pelo con la otra mano libre y cerré los ojos.
Finalmente después de varios minutos, el Metro llegó a su última y única estación y tras detenerse completamente, sin encender las luces abrió las puertas, por las cuales salimos. La estación estaba al aire libre y a nivel del suelo, y era como esas antiguas estaciones de ferrocarril, simples y austeras, y tras bajar una escalera de no más de medio metro nos encontrábamos en una calle con adoquines que no lograba reconocer.
Había niebla y el suelo estaba mojado como si hubiese llovido hace poco. Avanzamos por la calle y a pesar de que la arquitectura se asemejaba más a una ciudad Europea y todo parecía indicar que no estábamos ya en Santiago, no me sentía ni perdido ni desorientado, y seguimos avanzando silenciosamente de la mano por las desoladas calles.
Tras cruzar varias calles la niebla comenzó a dispersarse y el cielo se vistió de estrellas, galaxias y nebulosas que se apreciaban con una claridad esplendorosa y estremecedora, frente a nosotros se alzaba la luna y tras caminar solo un rato más llegamos a un litoral. A lo lejos se veía una maciza cordillera y al frente se extendía un gran lago rodeado por blanca y suave arena, y en el medio de este lago había un gigantesco iceberg que resplandecía con una pálida luminiscencia. Mientras contemplaba el paisaje sentí que Victoria me apretaba el brazo con fuerza.
-Este lugar se me hace conocido, como si ya hubiese estado aquí antes, y sin embargo no recuerdo haberlo visto en ningún lado.-
-Yo si lo recuerdo, una vez soñé con él y con esta ciudad. Jamás pude olvidarme de ese sueño, me acuerdo que sentí que aquí encontré algo que desesperadamente me hacia falta pero no logro acordarme que fue-
-Significa que... ¿Esto no es real?-
-Pues, deseo con todo mi corazón que sí lo sea-
Con estas palabras cogí su mano y la estreché con fuerza, luego la miré detenidamente a los ojos y la abracé. Por primera vez en toda la noche sentí miedo, miedo y angustia de que esto no fuese real. El tiempo se detuvo y permanecimos inmóviles hasta que el primer rayo del alba calentó nuestros rostros y con algo de tristeza le dije.
-Ya es tarde, tenemos que irnos-
-Pero, yo aun no se como te llamas.-
-Nicolás, pero dime sólo Nico- Respondí cortadamente.
Caminamos silenciosamente hasta la estación, ella adelante, yo algunos pasos atrás, cuando llegamos estaba el mismo Metro esperando, con sus puertas abiertas como las fauces de una terrible bestia llamada realidad. Entré yo primero al carro, y al ver que ella no entraba y que me ponía de vuelta el abrigo que le presté, perdí el aliento.
-¿Por qué no entras?-
-¡Lo siento! Pero de donde vengo ya no puedo volver.-
Ella giró para darme la espalda mientras sollozaba suavemente y yo con los ojos algo húmedos la abracé fuertemente en el umbral de la puerta mientras sentí una mutua sinceridad y grité con angustia en mi voz.
-¡Por favor, dime que eres real! ¡Dime que existes!-
-Si, soy real, pero ya no puedo volver. ¡No quiero estar sola! ¡Prométeme que regresarás!-
-¡Te lo prometo!-
La solté y el metro comenzó a moverse y a cerrar las puertas. Lo último que toqué de ella fue su mano en el momento justo que las puertas terminaban de cerrarse y me quedé mirando como su figura se alejaba y como su vestido se despedía al son del viento que súbitamente comenzó a soplar. Cuando su figura no fue más que un punto rojo en la lejanía, me desplomé y comencé a sollozar con el abrigo que me devolvió apretado fuertemente en mis puños y me di cuenta que estaba exhausto y poco a poco fue quedándome dormido. Lo último que se cruzó por mi mente fue un fugaz pensamiento...
-Todo esta negro...-